- No hombre, no. No es para mí -negaba mientras caminaba de un extremo a otro de su amplio despacho-, es para Menchu, ya sabes... -se hizo un silencio embarazoso-, la que conocimos hace un año en aquella discoteca.
-Ya me extrañaba -dijo la voz del otro lado del teléfono-, ese piso es pequeño para ti con Carmen y los niños, pero pensé, querrá invertir.
-No bueno, solo era pedirte eso, que te ocupes de todo si sale a subasta, que me da que saldrá porque esos, sin trabajar que están los dos, no tienen que caerse muertos.
-No te preocupes, que estaré pendiente, pero no lo tengas como algo seguro, busca más cosas, porque muchos de estos pisos se los quedan usureros con dinero negro que les entregan unos cuantos papeles a los dueños, lo justo para la deuda, y listo.



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